Como todos sabemos, el 31 de marzo de 1492 se promulga el
llamado Edicto de Granada, por el cual los Reyes Católicos dan un plazo de
cuatro meses para que todos los judíos abandonen el Reino.

Imaginaos por un momento lo que tuvo que significar para
ellos, esos puenteños que llevaban toda su vida en el pueblo, y que sus padres
y sus abuelos también habían sido puenteños, algunos antepasados de éstos que
ahora eran expulsados sin miramientos habían consolidado con su esfuerzo esa
villa que se empezó a formar a la sombra del puente, algunos incluso trabajaron
en su construcción. Tuvieron que malvender sus bienes, sus casas, prepararse
para un futuro incierto y emprender un viaje a ninguna parte. No se les
permitía sacar del Reino: Ni oro; ni plata; ni moneda; ni caballos; ni armas.
Los que habían podido vender alguna propiedad llevaban letras de cambio que no
sabían si podrían hacer efectivas algún día, otros habían comprado mercaderías
de las que estaban autorizadas a llevarse.

Algunos se atrevieron
a llevarse algún objeto o valor prohibido escondido en sitios impensables, pero
la mayoría de estos bienes no llegaría a su destino pues una verdadera plaga de
bandoleros y asaltadores de caminos acechaban a estos viajeros para aliviarles
del peso de sus equipajes.

Otros en cambio pensaban en volver, no podían creer que la
Reina, que siempre había sido su defensora pudiera decretar la expulsión en
masa. Hubo quien pensando en volver no quiso malvender su casa y se llevó la
llave. Las llaves han pasado durante generaciones de mano en mano esperando
poder volver a Sefarad. Otros creyendo también que volverían, enterraron sus
objetos de valor, que no podían llevar, o sus monedas, esperando recuperar los
bienes escondidos algún día.

Lo cierto es que una parte significativa de la población de
La Villafranca de la Puente del Arzobispo comenzó su andadura hacia el vecino
Portugal. No todos pudieron llegar, algunos quedaron en el camino, y los que
llegaron vieron con desencanto cómo su situación allí no era tampoco como
esperaban en un primer momento. Los portugueses, también cristianos, habían
desarrollado hacia ellos la misma aversión que sus vecinos de Castilla.

Pero vamos a poner el ejemplo de uno de los vecinos de
Puente aunque hubo muchos con situaciones similares. Este puenteño se marcha
siendo judío, tiene por nombre Salomón Alaroque. Malvende sus pertenencias y se
marcha con su familia al cercano Portugal. Una vez allí y tras las penurias
pasadas en el viaje, comprueba con desesperación que no son bien acogidos. Solo
hay una forma de sobrevivir y esa pasa por el bautismo. Tanto él como sus
compañeros de viaje se reafirman en que no están dispuestos a renunciar a su fé
y con ello a sus principios y forma de
vida. Para hacer esto necesitan una garantía que no tienen de que se les
respetará en lo sucesivo.

Paralelamente, en España, los Reyes Católicos se dan cuenta
de que al irse los judíos, a pesar de haber engrosado las arcas reales, se han
quedado sin la gente que más producción daba a la corona, pues los judíos eran
en su mayoría: Artesanos; escribanos; comerciantes. El tejido empresarial de
España se podría resentir con la falta de esa población productiva. Además se
estaban abriendo nuevas rutas comerciales y se incentivaba a la ganadería como
fuente de lana, uno de los artículos que ya exportaba Castilla.

Por éstos y otros motivos los Reyes Católicos están tentados
de dar marcha atrás en su decisión, pero el peso de la Iglesia es muy
importante, por eso llegan a un acuerdo y redactan en el mes de noviembre del
mismo año 1492 una pragmática en la que invitan a volver a todos los judíos que
se hayan bautizado, garantizándoles que se les devolverán las propiedades que
vendieran al salir de España, siempre y cuando el precio de venta hubiera sido
menos de la mitad del valor de lo vendido.

Ése es el empujón que necesita nuestro paisano y otros
muchos como él, y sin pensárselo dos veces se bautiza en Portugal (Posiblemente
en la Iglesia de Santa María de Évora). Una vez en posesión de su credencial de
cristiano bautizado, con el nombre cristiano de Fernándo Alcázar, regresa a
Puente donde trata de recuperar sus bienes. No será fácil, los actuales dueños
de las propiedades no están dispuestos a devolverlas y esto acarreará múltiples
enfrentamientos.(continuará)

Sixto de la Llave Casillas

Bibliografía.-
*Judíos y conversos de El Puente del Arzobispo (Toledo) en la Edad Media GONZALO VIÑUALES FERREIRO Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, H.^ Medieval, t. 14, 2001, págs. 357-389.